La gente tiende comparar los problemas con las montañas. Por ejemplo, cuando tienen problemas muy complicados dicen “cuesta arriba”, y cuando hay una sucesión de problemas, “montañas tras montaña”, etc. Los judíos de la antigüedad también comparaban los problemas con las montañas. Por esa razón, cuando algún rabino sabio le solucionaba sus problemas lo llamaban “persona que movió mi montaña” (movedor de la montaña). En el texto que leemos hoy Jesús enseña a sus discípulos sobre la fe que mueve una montaña. (Contar lo que sucedió con la higuera que se secó.) Jesús dijo a sus discípulos: “les aseguro que si alguno le dice a este monte: 'Quítate de ahí y tírate al mar', creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá”.

También Mateo registra sobre la fe que mueve una montaña en 17:20. “Porque ustedes tienen tan poca fe --les respondió--. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza,  podrán decirle a esta montaña: 'Trasládate de aquí para allá', y se trasladará. Para ustedes nada será imposible. Sin embargo, los relatos de Mateo y de Marcos sobre la “fe que puede mover una montaña” tiene contextos distintos. En Mateo dijo esta palabra después de haber sanado a un muchacho endemoniado y en Marcos, después de que se secó la higuera. Por otro lado, aunque Lucas usa la expresión “sicómoro” en lugar de una montaña, su mensaje es casi lo mismo. En Lucas 17:6 dice “Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería”.

Por lo tanto, lo más probable es que las lecciones de “fe que puede mover un sicómoro o una montaña” eran una de esas palabras favoritas de Jesús que repetía muy frecuentemente a los oídos de sus discípulos. Jesús dijo estas palabras cuando expulsó un demonio y asimismo cuando secó una higuera. El corazón de estas palabras es lo siguiente: “Pidan, el padre celestial les dará lo que pidan. Si ustedes piden creyendo podrán solucionar los problemas tan grandes como esta montaña”.

La oración es una de las enseñanzas importantes de Jesús. Jesús nos ayudó a comunicarnos con Dios por medio de la oración. Y puso mucho énfasis en que cuando oramos Dios nos responde, y “dará buenas cosas a los que le pidan”.

"Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá... Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mt 7:8,11)

El apóstol Juan que recibió la misma enseñanza dijo con seguridad, “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”. (1Jn 3:22)

Lo importante cuando oramos es “a quién estamos orando”. Jesús dijo “cree en Dios”. Nosotros oramos a Dios. Él es el Dios vivo. Él es el Dios todopoderoso. Él conoce todas las cosas. Él está presente en todo lugar. Podemos confiar en Él. Hay un solo Dios en quien podemos dar nuestra fe.

Por tanto orar con duda es ser injusto con Dios y Él se entristece de ello ya que dudar y no tener fe significa no creer en su poder y no comprender su buena disposición. En consecuencia, a pesar que Dios tiene todo preparado para nosotros, por nuestra falta de fe no podemos recibir nada. Santiago dijo:

"Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor”. (Sant 1:6-7)

De modo que tenemos que orar con fe en Dios. Antes de orar hay que examinar si tenemos fe en Dios dentro de nuestro corazón. Jesús llamó a esas oraciones sin fe como “vanas repeticiones (Mt 6:7). Dios está en el cielo y escucha nuestras oraciones. Y no sólo nos escucha, también responde a nuestras peticiones porque él es Dios vivo y premia a los que lo buscan. Por esta razón nuestra fe no es en vano. Dijo Jesús.

"Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mt 6:8)

Así que las palabras de Jesús a sus discípulos: “les aseguro que si alguno le dice a este

monte: 'Quítate de ahí y tírate al mar', creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá” podríamos traducirlas así: “si alguno le dice a este monte: 'Quítate de ahí y tírate al mar', creyendo con la fe en Dios, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá”.

Nuestra tiene que ser la fe que cree en Dios. Si no es así será semejante a las olas del mar que es arrastrada por el viento de un lado a otro, es decir, una fe sin fundamento. Nosotros mismos sabemos mejor que nadie si acaso estamos orando con la fe que cree en Dios o estamos orando con una fe que es como las olas del mar que es agitada por el viento.

Solamente la oración con la fe que cree en Dios puede hacer las obras. Jesús enseñó que las oraciones con semejante fe ya han recibido sus respuestas en el mismo instante. Quienes oraron con semejante fe ya tienen la convicción de que las montañas de problemas han sido movidos.  

Podemos encontrar una característica especial en la persona que ora con la fe que cree en Dios. Es la actitud de gratitud. Esa persona recibe con simpleza la promesa de respuesta a su oración de parte de Dios. No lo duda. Por esta razón su corazón se llana de paz. De esto habla Pablo en Filipenses 4:6-7.

"No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.

Orar con la fe que cree en Dios significa orar “delante de Dios”, “mirando a Dios” y “llenos del Espíritu de Dios”. La fe que cree en Dios no es una tarea o una asignatura que uno tiene que estudiar para completar la espiritualidad. La fe que cree en Dios es una fe viva y dinámica que cree en un Dios vivo. Es una fe que nos mantiene en constante relación con Dios y es una fe realista y actual. ¿Cómo podemos saber que estamos orando a Dios con la fe que cree en Él? Jesús estaba enseñando sobre la oración con fe que cree en Dios y de repente cambió de tema.

"Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados”.

En Mateo 6 cuando terminó de enseñar sobre “ustedes deben orar así” dijo sobre el perdón.

"Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas. (Mt 6:14-15)

Jesús nos enseña la manera de saber si estamos orando con la fe que cree en Dios. Jesús al decir “cuando os pongáis de pie para orar” nos muestra nuestra condición de estar de pie en la presencia de Dios. Jesús nos quiere enseñar que, cuando oramos a Dios con la fe que cree en Él, en otras palabras, cuando oramos con la sensibilidad de estar en su presencia, el Espíritu de Dios nos hace recordar nuestra situación de conflicto con los demás hermanos y nos solicita a que primeramente resolvamos estos problemas. Quien se dispone a orar con la fe que cree en Dios tiene que saber que todo lo impuro que está profundamente oculto en el alma debe ser sacado a la luz y con la insistente y poderosa ayuda del Espíritu Santo primeramente tiene que resolver ese problema. Por lo tanto, las palabras de Jesús de orara con la fe que cree en Dios y de perdonar a los hermanos son verdades que no se pueden separarlas.

Amados hermanas y hermanos, los bendigo en el nombre del Señor que reciban respuestas del Señor en todas sus oraciones con la fe que cree en Dios. Los bendigo para que acumulen muchas respuestas de oraciones para que tengan una gran fe capaz de mover cualquier montaña. Y no sólo capaz de mover sus propias montañas, sino además las montañas de los demás también.

Después que el Jesús resucitado volvió al Padre una enseñanza de Jesús quedó sonando en los oídos de los discípulos: “Yo os aseguro que quien diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar” y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá”. Los discípulos vivieron triunfando con esta fe. Hagamos que estas palabras queden sonando también en nuestros oídos. Los bendigo para que cada vez que nos enfrentemos una montaña de problemas las palabras que salgan de nuestra boca sean: “si oramos con la fe que cree en Dios esta montaña se moverá”.